Cuando los españoles llegarón a las Antillas en 1492, encontraron tres grupos principales de habitantes. Todos habían venido de América del Sur en el pasado relativamente reciente. Pequeños grupos de indígenas, llamados comúnmente Ciboney (o Siboney), tainos, igneri, vivían en los extremos noroccidentales de Cuba y de la Hispañiola.
El ciboney conservó algunas técnicas paleo-indias en cuanto a la utilización de lascas de sílex pero, a su vez, desarrolló una industria lítica más elaborada en lo que se refiere a la talla de las piedras: prefiere las formas simétricas y llega a acabados apreciables. Su ajuar utilitario está constituido por pequeños y grandes morteros, majadores cónicos, rectangulares y cilíndricos. También fabricarón hachas de piedra mariposoides y de cuello, algunas de ellas decoradas.

Otros objetos líticos como los esferolitos (bolas de piedra de diferentes tamaños) y los dagolitos (cetros o dagas) son asociados a sus prácticas ceremoniales o funerarias. Su alimentación era similar a la de las poblaciones anteriores pero agregan a su dieta raíces comestibles y mariscos. En los "concheros" (yacimientos con gran cantidad de conchas de moluscos) estudiados se ha encontrado restos de cangrejos, peces de mar y de ríos, manatíes, ostras y otros caracoles marinos. También se ha encontrado restos de animales no marinos como las tortugas de agua dulce, jutías, iguanas y roedores menores. Recogían y comían uvas de playa, mamey, saona, hicacos, guanábanas, corozos, yuca, guáyica, etc.






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